UNA MIRADA PSICOSOCIAL SOBRE LA CUESTIÓN DEL ABORTO EN CHILE

26 abr 2008

Por Gloria Salazar Rosas, septiembre 2007. (psicóloga y docente investigadora en temas de salud reproductiva y género)
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El aborto es una experiencia que sólo es vivida por las mujeres -quienes constituimos algo más de un 50% de la población mundial- siendo una posibilidad cierta en nuestras vidas desde el momento en que se alcanza la menarquia, es decir, desde que existe la posibilidad biológica del embarazo. Esta capacidad de engendrar y también de abortar, convierte a las mujeres en las principales protagonistas de esta situación, quienes deberían ser consultadas y escuchadas al respecto. Sus opiniones, percepciones y experiencias deberían ser elementos considerados de una importancia determinante en la elaboración de las políticas públicas relativas a la fecundidad y a la maternidad; particularmente de aquellas dirigidas a disminuir la ocurrencia de abortos, a regular su realización, y a asegurar la vida y la salud de las mujeres.

Sin embargo, las experiencias y testimonios de las mujeres no suelen tomarse en cuenta para la elaboración de las legislaciones que regulan el aborto. Por lo general, se dictan leyes sobre el tema a partir de posiciones ideológicas más que de la consideración de los datos científicos obtenidos tanto desde la epidemiología como desde los estudios cualitativos realizados por las ciencias sociales que dan cuenta de la subjetividad de quienes viven esta experiencia.
La mayor parte de los estudios realizados desde las ciencias sociales abordan experiencias de aborto a través de la indagación en las vivencias de las mujeres, sin distinguir necesariamente los abortos considerados terapéuticos de los que tienen otras causas. En estos estudios, los factores psicológicos y psicosociales presentes en el proceso del aborto suelen sistematizarse al menos de dos diferentes maneras. En una de ellas se distingue entre factores subjetivos -aquellos relacionados con la vida afectiva, la personalidad y la historia de la mujer- y factores del entorno: el contexto en que los abortos se deciden, la legislación vigente, la atención de salud, los riesgos de la intervención clínica, entre otros. Una segunda forma de clasificación diferencia entre factores relacionados con las causas o motivaciones para el aborto, y aquellos factores referidos a los efectos o consecuencias. Sin embargo, ambas formas de clasificar y ordenar se interrelacionan: en las causas del aborto siempre están presentes factores subjetivos y también elementos del contexto social y cultural. Asimismo, en los efectos psicológicos del aborto es posible observar tanto las implicaciones del entorno así como de la historia personal. Por ello, se intentará a continuación exponer estos factores siguiendo el proceso que viven las mujeres que han experimentado un aborto.

DECISIONES SOBRE LA MATERNIDAD

Las decisiones que los seres humanos tomamos respecto de nuestra vida sexual y particularmente de nuestra vida reproductiva nos afectan de forma decisiva: tener o no hijos, cuándo tenerlos, con quién... En nuestra cultura, la maternidad es aún una condición determinante para las mujeres, que suele cambiar y reorganizar nuestras vidas. Por eso, lo deseable –tanto para las mujeres y hombres adultos, como para sus hijos e hijas- es que la maternidad y la paternidad sean el resultado del ejercicio de la libertad, de la voluntad y del deseo. Se sabe que los hijos no deseados son más vulnerables que aquellos que sí fueron deseados, especialmente en sectores de extrema pobreza (Viel y Pereda, 1984; Viel y Campos, 1991).
El supuesto deseo “natural” de ser madre ha sido durante siglos uno de los pilares de las culturas patriarcales, lo que convirtió a la maternidad en el único proyecto legítimo de las mujeres, y definió al aborto como la negación de la maternidad, la más grande trasgresión que las mujeres pueden cometer en estas culturas. Y no se trata de que las mujeres no le otorguemos importancia a la maternidad como experiencia y como responsabilidad. Como señala la abogada peruana María Isabel Rosas: “La maternidad es un suceso trascendental, determinante y complejo, que modifica objetiva y subjetivamente todos los aspectos de la vida de una mujer. De ahí lo importante que resulta que esta sea una experiencia voluntaria y autónoma, que signifique para la mujer un suceso positivo y enriquecedor de su existencia. Impedir que ello ocurra, forzar a una mujer a que culmine un embarazo no deseado y a afrontar sus consecuencias, supone atentar contra su libertad, su dignidad y su derecho a decidir, y condenarla a un futuro que ella no ha elegido” (Rosas, 1997).

FACTORES PSICOLÓGICOS Y PSICOSOCIALES PRESENTES EN LA DECISIÓN
SOBRE UN EMBARAZO

Causas de los embarazos no planificados o no deseados

Antes de abordar las motivaciones que llevan a las mujeres a decidir el término de un embarazo en nuestro país, es necesario señalar que dichas motivaciones están íntimamente relacionadas con los orígenes de esos embarazos, existiendo una diversidad de factores que pueden ser considerados como las causas indirectas de los abortos. Es decir, muchas mujeres se embarazan sin desearlo o sin planearlo, a causa de ciertas carencias en su entorno, como desinformación, poca disponibilidad de servicios de anticoncepción, etc.

Mónica Weisner, en un estudio antropológico realizado en Chile en 1982, señala tres factores: los factores de motivación para la regulación de la fecundidad; los factores de capacitación que permitirían llevar a cabo esa regulación y los factores de facilitación, como la existencia de tecnologías adecuadas para ese propósito y el acceso a ellas a través de un servicio de salud pública adecuado y educación sexual en los colegios y universidades.

Concuerdan con esta posición los hallazgos del estudio de Silva y Salazar (1994), que agregan las dificultades en la comunicación padre/madre-hijo/a y profesor/a-alumno/a, que no facilitan la expresión de dudas y la transmisión de conocimientos en los ámbitos familiar y escolar. Por otra parte, algunas características psicológicas propias de la adolescencia, como el sentimiento de omnipotencia, contribuyen a potenciar los riesgos que viven las jóvenes desinformadas y poco o nada motivadas al cuidado de sí mismas.

Un factor estructural que contribuye a contextualizar las decisiones reproductivas de las mujeres se expresa en el reconocimiento del estado de sus necesidades y derechos en éste y otros ámbitos. Cuando el Estado reconoce estas necesidades y provee de información y educación sobre sexualidad, derechos y salud reproductiva y medios de acción para la regulación de la fecundidad, da una señal a las mujeres de que son legítimamente dueñas de su cuerpo, de sus decisiones y de sus proyectos de vida. La percepción que cada mujer tiene de sí misma determina su autoestima y lo que cree acerca de sus posibilidades de controlar o no determinadas situaciones, así como las atribuciones que hace sobre lo externo y lo subjetivo; todo lo cual se relaciona con lo que la cultura les permite o les niega. Y esta percepción de sí misma se expresa en acciones concretas, destinadas a protegerse o a aumentar la exposición a riesgos (Silva y Salazar, 1994).

Deseo de embarazo y deseo de maternidad

Un factor de vital importancia en las decisiones que las mujeres toman sobre su vida reproductiva es la presencia del deseo de maternidad ante cada embarazo. Es necesario distinguir entre deseo de embarazo y deseo de maternidad: el primero se relaciona con el deseo de gestar, de sentirse cuidada, o de cambiar de estatus debido a esta condición; y no asegura que una gestación culmine en el nacimiento de un bebé. El deseo de maternidad, en cambio, se refiere al deseo de cuidar a otro, de proyectarse con él o ella a lo largo de la vida, y no requiere necesariamente de la gestación en el propio cuerpo; por lo tanto, es un factor importante a la hora de predecir la continuidad o no de un embarazo.
En muy diversas situaciones puede existir en la mujer sólo deseo de embarazo y no deseo de maternidad, como suele suceder en adolescentes o en mujeres con muchas carencias afectivas. El deseo de embarazo puede mantenerse por un tiempo, pero si no está presente el deseo de maternidad, el proceso de la gestación puede hacerse difícil, transformándose en un problema. Como se mencionó previamente, incluso en las parejas estables pueden surgir dificultades emocionales o pueden producirse cambios externos (muerte de la pareja, abandono, accidentes o enfermedades graves) que podrían cambiar el "deseo de embarazo" a "no deseo", poniendo así en riesgo la estabilidad del proyecto común que era la gestación (Salazar, Guerrero y Mérida, 1990).


Factores culturales que inciden en la decisión de abortar

Mónica Weisner (1982, 1993) señala que uno de los factores culturales que se relacionan con la decisión de abortar son las creencias que una sociedad o parte de ella tiene acerca del inicio de la vida y del momento en que el producto de la concepción puede ser considerado un ser humano. Así, mientras más tardío se crea que es este momento, más se facilita la decisión de abortar.
Entre los factores culturales más relevantes se encuentran aquellos relacionados con las creencias religiosas. En Chile, predominan las creencias de la iglesia católica, que espera que sus directrices no sólo sean válidas para sus fieles, sino para toda la sociedad chilena. Al respecto señala Marta Pérez (2003) en un estudio sobre representaciones sociales del aborto: “el discurso dominante del aborto de tendencia heterónoma, se construye a partir de la triangulación entre la iglesia (católica), la política y la jurisprudencia, manteniendo la representación y perpetuación de sus intereses particulares”.
En Chile, la mayor parte de la población se declara observante de alguna religión, un 90% cristianos y alrededor de un 70% católicos/as. Esto nos indica que la mayor parte de quienes abortan (unas 150.000 mujeres por año) son católicas. El estudio de Silva y Salazar (1994) acerca de los matices de la opinión pública respecto del aborto mostró que, si bien las personas en general tenían actitudes respecto del aborto concordantes con las directrices de la jerarquía de la iglesia católica, sus conductas finalmente estaban determinadas por sus necesidades cotidianas y sus intereses particulares, pudiendo así alejarse de la doctrina religiosa.
Por otra parte, es necesario mencionar que el contexto laboral también es un factor de presión para las mujeres, ya que en algunas empresas el embarazo es aún motivo de despido; en algunos casos aún el riesgo de embarazo es tomado en cuenta al otorgar un puesto de trabajo a una mujer; y el sistema privado de salud persiste en su discriminación negativa.

Factores sociales
Los factores sociales han sido también mencionados en diversos estudios como elementos de peso en la decisión del aborto. Así, algunas mujeres han señalado que han decidido abortar porque no querían vivir un embarazo y una maternidad en soledad, sintiendo la estigmatización y la reprobación por parte de la sociedad (Weisner, 1982; Leal y Ortega, 1991; Salazar, 1993; Silva y Salazar, 1994). La exaltación social “oficial” de la maternidad no se transmuta en acciones concretas de apoyo psicológico ni económico a las mujeres embarazadas, quienes se sienten presionadas para conservar el embarazo, pero, por otra parte, saben que serán las únicas responsables por ese/a hijo/a, además de sentirse estigmatizada en algunos ámbitos por ser madres solteras.

Factores psicosociales
Una socialización familiar que dificulta -en vez de facilitar- la comunicación sobre sexualidad y la transmisión de experiencias de padres a hijos, y que puede estar presente en todos los niveles socioculturales y económicos, es un factor que se relaciona también con la decisión sobre el embarazo. La carencia de apoyo y afecto familiar en que viven su embarazo jóvenes solteras –que se puede traducir en sanción social, expulsión del hogar y pérdida de recursos materiales, trabajo o estudios – son factores que facilitan la decisión de abortar, especialmente en sectores socioeconómicos desfavorecidos. Asimismo, se ha establecido que la ausencia de un modelo de prevención del embarazo en la madre contribuye también a dificultar la prevención en las jóvenes con la consecuencia de un eventual aumento de embarazos no planificados y abortos (Silva y Salazar, 1994).
La ausencia de una pareja estable que apoye el período de embarazo y crianza, es una razón mencionada frecuentemente por las mujeres como su principal razón para abortar (Weisner, 1982, Silva y Salazar, 1994). Asimismo, Leal y Ortega (1991) señalan que un 23,5% de las mujeres de su estudio decidió abortar por “deserción” de su pareja.
Según los estudios de Salazar (1993) y Silva y Salazar (1994), el deseo de embarazo y el deseo de maternidad, conceptos ya descritos, son factores de gran importancia en la decisión sobre el destino de un embarazo. En las parejas estables, las dificultades emocionales que pueden presentarse inesperadamente, pueden cambiar este deseo a no deseo, al modificarse las circunstancias afectivas de la pareja o de la mujer y peligra la estabilidad emocional necesaria para llevar adelante un proyecto de familia.

Factores económicos
Los motivos económicos son mencionados como la principal causa para abortar en el estudio de Weisner (1982), señalándolos el 50% de las participantes; en el estudio de Lavín y col. (1994) los mencionó un 38,9% de las participantes, y en el de Leal y Ortega (1991), un 26,5%. En este último estudio se añade que un 23,5% indicó que la causa principal de su decisión había sido el riesgo de ser despedida de su trabajo al saberse del embarazo, corriendo así el riesgo de perder su fuente de ingresos. La mayoría de las participantes en estos estudios se encontraban en los sectores más desfavorecidos económicamente.
En los sectores medios, el embarazo no deseado aleja los proyectos de mejorar la calidad de vida familiar, así como los proyectos de carácter personal, entre ellos dar continuidad a estudios técnicos o superiores y planificar el número y espaciamiento entre los hijos; situaciones que tienen también un aspecto económico (Salazar, 1993; Silva y Salazar, 1994).
Sin embargo, en las encuestas de opinión acerca de las causales en las que debería permitirse el aborto, esta motivación es una de las que tiene menos aprobación por los/as entrevistados/as, a diferencia de las razones relacionadas con la salud, la viabilidad fetal y la violación y el incesto (Blofield, 2004). Pareciera que lo que no es válido para algunos sectores en términos teóricos -que es como se responde a las encuestas- sí lo es para quienes se ven afectadas por una situación que ellas viven como insostenible.

Factores de salud
En los estudios ya mencionados las mujeres entrevistadas han señalado también razones de salud para decidir un aborto: enfermedades crónicas (Silva y Salazar, 1993), temor a las malformaciones fetales (Lavín y col. 1994); alcoholismo de la pareja (Weisner, 1982).
Las fallas de los anticonceptivos son señaladas también entre las razones de un aborto, ya que las mujeres o las parejas que los usaban habían estado evitando conscientemente un embarazo, por lo que éste es vivido como la frustración de un proyecto que hay que recuperar. En el estudio de Viel y Pereda (1984) se señala que un 44% de las mujeres que no deseaban su embarazo había estado tratando de evitarlo; del mismo modo, en Lavín y col. (1994), esta proporción llegaba al 41% de las mujeres con abortos inducidos.

Factores legales
Otros aspectos señalados por las mujeres que han abortado, han sido problemas legales que se enlazan con los afectos: temor a perder la custodia de los hijos por un embarazo durante el proceso de nulidad matrimonial; dificultades afectivas con la pareja en la misma situación legal (Silva y Salazar, 1994). Entre mujeres con un nivel educacional mediano o alto, y mejores expectativas económicas, el factor afectivo y los proyectos personales son los más relevantes para la decisión (Salazar, Guerrero y Mérida, 1990; Salazar, 1993). Sin embargo, todas las causas que consideramos subjetivas, están sobredeterminadas por la ideología dominante en cada cultura en un cierto momento de la historia.

PROCESO DE DECISION

En el proceso de decisión sobre el destino del embarazo, las mujeres consideran tanto sus razones íntimas para abortar como sus valores morales o religiosos y su situación social y familiar. Los estudios señalan que cuando las causas principales son de orden económico, el aborto es decidido muy rápidamente.

Cuando las razones son de orden afectivo o temor a la sanción social, así como si la causa es una enfermedad de la mujer, problemas legales o alcoholismo de la pareja, la mitad de las mujeres toma de inmediato la decisión y la otra mitad la pospone. Las mujeres con razones afectivas suelen retrasar el aborto, tal vez esperando que la situación difícil se resuelva positivamente (Weisner, 1982). Las mujeres con mayor ambivalencia afectiva ante el embarazo, así como aquellas que se declaran observantes de una religión, retrasan también la decisión, y manifiestan un mayor nivel de angustia (Salazar, 1993).


Decidir un aborto por razones de salud
El proceso de decisión que viven las mujeres que tienen razones de salud para abortar, puede variar en extensión y en sus características, pues ninguna razón de salud se da fuera de un contexto afectivo, de pareja, familiar y social. Así, en algunos casos las mujeres afectadas por enfermedades graves o terminales deciden un aborto con el propósito último de no dejar solos a sus hijos ya nacidos y/o al que estaría por nacer, demostrando una gran preocupación por el bienestar futuro de sus hijos. Similar situación se da cuando la mujer es portadora de VIH o sufre de SIDA.

En casos de inviabilidad fetal, la decisión de un aborto puede ser tomada rápidamente, si sólo la mujer y su pareja saben de su embarazo; o puede ser pospuesta si la familia lo sabe y la mujer o la pareja reciben presiones de parte de personas afectivamente significativas. Cuanto más personas se ven involucradas en el proceso de decisión, se trate o no de un aborto por razones terapéuticas, la demora en decidir parece ser mayor, ya que entran en juego diversas presiones afectivas, variadas dudas sobre el diagnóstico de salud y salidas alternativas. En todos los casos, la mujer requiere contención emocional, y no sugerencias o presiones.

Cuando la mujer ha quedado embarazada a consecuencias de una violación, vive un proceso psicológico muy complejo, pues ha sido víctima de un acto de violencia de género, que la ha afectado en su integridad física y psicológica, alterando su salud. Más aún, la consecuencia de este acto ha sido un embarazo no buscado, el que suele vivirse como un castigo, con rechazo, lo que a menudo se expresa en la decisión de abortar. Muchas mujeres violadas se culpan por no haber tomado algún tipo de precauciones que les hubiera podido evitar –teóricamente, y a veces fantasiosamente- la experiencia de la violación y/o del embarazo. Estos sentimientos de culpa son la consecuencia de la introyección de las responsabilidades y culpabilizaciones históricas que la cultura occidental ha puesto sobre las mujeres, especialmente en relación a la sexualidad. Si se las culpabiliza por decidir un aborto en estas circunstancias, la sociedad da una muestra a todas las mujeres, no sólo a la afectada, de que sus vidas no tienen importancia social ni cultural, y que deben someterse a las decisiones y conductas masculinas, aún si estas son violentas y desquiciadas.

CONSECUENCIAS O EFECTOS PSICOLÓGICOS Y PSICOSOCIALES DE UN ABORTO

En 1955 se publicó un estudio que indicaba –por primera vez en la literatura sobre el tema- que las mujeres no sólo sentían depresión, ansiedad y culpa después de un aborto, sino también alivio (Ekblad, 1955). Desde entonces, es frecuente encontrar en los reportes científicos que las vivencias psicológicas en el período posterior al aborto inducido tienen relación con características de personalidad de la mujer y con las circunstancias en que este evento se produce, reconociéndose la presencia de diferentes reacciones emocionales ante este evento.

En Chile se han efectuado varios estudios indagando en las subjetividades de las mujeres que han abortado[1], relacionando las eventuales consecuencias psicológicas de esta experiencia con el contexto psicosocial y cultural en que sucedieron. En uno de estos estudios se indica que emociones como la tristeza, la rabia, la culpa y la ansiedad eran más frecuentes en quienes habían sentido su decisión había sido tomada bajo la influencia de otras personas o a raíz de ciertas circunstancias externas, como falta de solvencia económica o temor a perder el trabajo, temor a decepcionar a los padres y recibir un fuerte castigo familiar y social, presión de la pareja (Salazar, 1993).

Otros estudios realizados en Chile y en países de América Latina señalan que algunos de los factores más importantes en este período son: la autonomía que tiene la mujer en la decisión de abortar; las contradicciones de la decisión sobre el aborto con los valores morales o religiosos de la mujer (Jiménez, 1981); el tiempo de gestación, la información y seguridad clínica del procedimiento[2], el apoyo emocional que la mujer recibe durante el proceso[3]; y características de personalidad de quien vive la experiencia[4].
[1] Las ya mencionadas investigaciones de Leal y Ortega, Salazar, y Silva y Salazar.
[2] Calandra, D. et al. Aborto, estudio clínico, psicológico, social y jurídico; Ed. Médica Panamericana, B. Aires, 1973
Schmidt R. & Priest, R., The effects of termination of pregnancy: a follow up study of psychiatrics referrals, The Bristish Journal of Medical Psychology, Sept.1981, Vol.54(3), p.267; mencionadas en Salazar, Guerrero y Mérida 1990, y Salazar 1993
[3] Londoño, M.L. Para redimensionar el aborto, presentación en The Cristopher Tietze International Symposium, Rio de Janeiro, 1988; Escobar, M. & Wilches, I. Riesgo psicológico en el aborto. Presentación a la II Reunión Interinstitucional en Salud Reproductiva, Cali, 1987; Schmidt & Priest, p. 274; Aray, Julio Manías tristes, cap. IV, p.105 Monte Avila Editores, Caracas, 1977, Cabrera V. M. Relaciones del equipo humano institucional con pacientes y acompañantes, presentación a la II Reunión Interinstitucional en Salud Reproductiva, Cali, 1987. Todos los autores se encuentran mencionados en Salazar, G., Guerrero, T. y Mérida, ME, 1990
[4] Freeman, Op. Cit./ Aray, en Salazar, Guerrero y Mérida, 1990
A partir de los mencionados estudios, podrían esquematizarse las repercusiones o efectos psicológicos del aborto inducido de la siguiente manera:
Ansiedad: puede ser frecuente y marcada durante el proceso de decisión sobre el embarazo indeseado o inoportuno
Depresión: se presentan a menudo sentimientos de duelo y de pérdida afectiva
Rabia: se manifiesta rabia frecuentemente contra sí misma, por haberse puesto en una situación de riesgo físico, psicológico, laboral y legal
Alivio: relacionado con el haber puesto fin a una situación insostenible y angustiosa

Los factores que se han relacionado en diversos estudios con estos sentimientos y emociones post-aborto son:
. Sentimientos de la mujer ante el embarazo y en relación al embrión
. Motivaciones personales para no continuar con el embarazo
. Autonomía de la mujer para tomar la decisión
. Apoyo recibido durante el proceso de decisión
. Posibilidad de expresar afectos, temores, dudas, contradicciones
. Apoyo emocional que no implique cuestionamientos ni juicios morales
. Información acerca del procedimiento
. Calidad clínica del procedimiento
. Seguridad/Inseguridad legal del procedimiento

El aborto como intervención en el cuerpoPor otra parte, el aborto es una intervención en el cuerpo, que afecta no sólo al útero sino a todo nuestro referente físico, a nuestra masa y volumen, a aquello que somos, a ese cuerpo que cada quien ve reflejado a diario en el espejo y que es nuestra identidad. Afecta también a la imagen que tenemos de nosotras mismas, a la historia psicológica, a la cronología de nuestras vidas, al sentido que le damos a cada experiencia.

El aborto decidido en forma voluntaria
Los estudios señalan que las mujeres que decidieron abortar y que reconocieron como suya esta decisión, expresaban haber sentido alivio luego del aborto (junto con pena por lo sucedido y a menudo con rabia contra sí mismas por haberse puesto en esa situación) al mismo tiempo que vivían un período más corto de duelo. Las mujeres que pudieron reflexionar y elaborar psicológicamente la experiencia del aborto, fueron aquellas que habían decidido el aborto por sí mismas, apoyadas por su pareja o por una persona muy cercana con quien compartieron dudas, emociones y temores; y quienes además fueron bien atendidas en cuanto a procedimientos clínicos, seguridad, calidad de atención e información (Salazar, 1993).

Factores que hacen riesgoso el aborto
Legislación
Los estudios realizados desde la psicología, la antropología y la sociología nos muestran que la legislación vigente en cada sociedad en relación al aborto se constituye en un factor de gran importancia en la manera cómo éstos se realizan y también en cómo son vivenciados por las mujeres. La legislación vigente determina también las políticas públicas de salud, de las que dependen “los tipos de oferta de servicios de aborto disponibles en un lugar dado, así como los efectos que ambas cosas tengan sobre la salud de las mujeres”[1].

ReligiónLa religión que cada persona observa impone algunas normativas sobre sus conductas en ese ámbito. De acuerdo a la información que nos ofrece el Censo 2002, se puede señalar que la mayor parte de las mujeres que aborta en Chile se encuentra en alguna situación de contradicción entre sus normas religiosas y su decisión. Esto se resuelve a veces descalificando las normas; pero si esto no es posible, las mujeres retrasan la decisión, aumentando los riesgos clínicos de ésta.

Pobreza
Las mujeres más desfavorecidas económicamente son quienes viven las consecuencias más negativas, ya que sus medios económicos sólo les permiten acceder a proveedores de servicios inseguros, lo que las expone a sufrir la penalización por el aborto. Si además son creyentes, las contradicciones las llevan a retrasar la decisión, haciéndose más riesgosa la intervención.
Curiosamente, la clandestinidad del aborto ofrece protección a quienes realizan estas prácticas sin responsabilizarse de su labor clínica y desprotege a las mujeres, quienes no pueden sentirse seguras de la atención que reciben. Esta situación produce en las mujeres miedo, rabia, impotencia, se sienten víctimas de discriminación. Habitualmente, por el proceso de socialización de las mujeres, esa rabia se dirige hacia sí mismas en vez de ir hacia los causantes de la situación; así se culpabiliza por lo vivido, con lo que aumenta el riesgo de no elaborar adecuadamente la experiencia, lo que redundaría en mantener una conducta sexual y reproductiva insegura (Salazar, 1993).

ATENCION A MUJERES QUE HAN VIVIDO LA EXPERIENCIA DEL ABORTO

Naturalmente que la situación ideal de atención en salud psicológica consiste en ofrecer asesoría a las mujeres –y sus parejas, si ellas lo desean- antes de que decidan el aborto; entregando contención emocional en un espacio seguro, para que tomen la decisión sobre el embarazo de la mejor manera posible. Si eso no es posible, como sucede en Chile debido a la legislación sancionadora de todo aborto, sería posible trabajar en el período del post aborto.

La atención a las mujeres que han vivido un aborto es una oportunidad de elaboración y resignificación de la experiencia, que puede contribuir a ubicarla en el contexto histórico personal y familiar en que ocurrió. Asimismo, puede facilitar la prevención de nuevos embarazos no planificados, y de nuevos abortos, incluso en los casos de abortos por razones de salud. Para favorecer la prevención de una nueva experiencia de ese tipo, es necesario contar con un clima de respeto por la historia y las vivencias de la persona afectada, ofreciendo aceptación y contención emocional, así como una derivación personalizada hacia un centro de salud adecuado.

Como ya se ha señalado en otros trabajos “…el aborto -como acto real o en el imaginario colectivo- reúne en sí la vida, la sexualidad y la muerte. Pretender aproximarnos sinceramente a este fenómeno requiere realizar una reflexión previa acerca del significado particular y profundo que tiene para cada uno de nosotros” (Salazar, 2004).

¿ABORTO POR RAZONES DE SALUD O ABORTO TERAPÉUTICO?

Se hable de aborto terapéutico o aborto por razones de salud, Chile necesita una legislación que lo permita, pues las razones por las que este procedimiento se puede requerir son muchas, y ninguna mujer en edad reproductiva está libre de necesitarlo en algún momento. El aborto terapéutico o por razones de salud debe ser, igual que cualquier otra intervención similar, una elección libre y voluntaria de la mujer afectada.

Suele restringirse el concepto de aborto terapéutico a aquellas intervenciones que se llevan a cabo para que la mujer que vive un embarazo pueda conservar su salud o su vida. Mi impresión es que el concepto más amplio de “aborto por razones de salud”, facilita la inclusión de diversas situaciones, ya que está más de acuerdo con el concepto de salud de la Declaración de Alma Ata, el que incluye –más allá de los aspectos fisiológicos- a los aspectos psicológicos y psicosociales, considerándolos indispensables para determinar la calidad de la vida humana.

Este concepto podría incluir al aborto en caso de embarazo de feto no viable o portador de una enfermedad grave, el embarazo por violación o incesto, así como el aborto en caso de que la mujer sea portadora de VIH, o sufra de una enfermedad grave; e incluso podrían incluirse los casos de patologías psiquiátricas que impidieran a la mujer la crianza de un eventual hijo/a.
CONCLUSIONES

Hasta ahora no disponemos de investigaciones que hayan indagado en los factores psicológicos y psicosociales implicados en los abortos por razones de salud, razones que a menudo se consideran más válidas que las demás. Si así fuera, seguramente habría menos abortos que los que actualmente –y con imprecisión- podemos contabilizar, pues habría más abortos por razones de salud que por motivos económicos o por abandono de la pareja. Pero no es así. Con certeza podemos señalar, a partir de los estudios revisados, que las razones de salud y las motivaciones de índole afectiva o económica fueron igualmente válidas para las mujeres que decidieron abortar.

Por ello, es posible considerar que la situación en que se viven los abortos por razones de salud pueden ser en muchos aspectos similares a aquellas en que se viven los abortos decididos por diferentes motivaciones, toda vez que son igualmente clandestinos y que se llevan a cabo en las mismas condiciones de inseguridad y con similar riesgo de sanción legal. Sin duda que cada caso tiene particulares características, dadas por la situación familiar, la historia y la personalidad de la mujer.

Ahora bien, en los abortos que se han solicitado en los últimos años en Chile aduciendo razones de salud, hay situaciones diferentes a los otros abortos: muchas veces se trata de embarazos aceptados o incluso planificados que tienen un pronóstico médico negativo, como un feto inviable. Esto modifica la vivencia personal y familiar sobre el embarazo, pues a menudo no ha sido diagnosticado o el diagnóstico comunicado a la mujer, sino hasta que el embarazo ya está avanzado. Se produce entonces un proceso de modificación afectiva respecto del futuro del embarazo, que ya se sabe no culminará en el esperado recién nacido, significado ya como hijo, hermano y nieto. Las reacciones de las mujeres ante esta situación son muy diversas y dependen de sus propias circunstancias así como de la significación que hayan otorgado al embarazo, requiriendo más o menos tiempo y trabajo psicológico para aceptar o al menos sobrellevar la nueva situación.
Sabemos que en Chile se ha hecho muy difícil avanzar en el camino de la reposición del aborto terapéutico, y que a menudo se aduce que los avances médicos y tecnológicos no hacen necesaria una legislación permisiva. No es así la realidad de las mujeres chilenas: aún hoy hay embarazos de fetos cuya condición es incompatible con la vida extrauterina; aún hoy existen enfermedades que no se pueden tratar en la mujer sin dar previamente término al embarazo; hay mujeres portadoras de VIH o afectadas por el SIDA o por alguna enfermedad grave que no quieren dejar huérfanos a los hijos que ya están criando…

Esto nos lleva a la reflexión de que cada embarazo no planificado o no deseado –por cualquier motivo- es un asunto importantísimo para la mujer que lo vive, y que es sólo ella quién está en condiciones de dimensionar la gravedad de su situación personal y familiar, y evaluar la validez de las motivaciones para abortar.

Dadas las condiciones en que los abortos se realizan en Chile, especialmente entre las mujeres más pobres y con menor educación, es necesario reconocer que cualquiera sean sus razones, deben ser muy poderosas para correr tantos riesgos físicos y legales al abortar. El aborto se constituye –para muchas mujeres, especialmente las que viven en la pobreza o en condiciones inseguras- en una alternativa desesperada para evitarles a sus hijos una vida de sufrimientos.

Así lo señalan Faúndez y Barzelatto (2005) cuando escriben “… En todas las situaciones antes mencionadas, la razón para impedir el nacimiento de un hijo, lejos de ser egoísta, es la muestra de un sentido de responsabilidad, de no aceptar que el niño nazca en un medio poco propicio para su desarrollo saludable”.
[[Acerca de bibliografía revisada, la hemos omitido, pero si quieres conseguir el artículo y relacionados con el tema aborto, escríbenos al mail de la agrupa feministasbiobio@yahoo.es]]

1 comentario:

Feministas por la vida dijo...

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